Mostrando entradas con la etiqueta calle. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta calle. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de julio de 2011

ALBORES

 HÁLITO DE ALBOR- PABLO RODRIGUEZ GUY

Algunos irrupciones del alba actúan como poderosos narcóticos;
la bruma delata prístinas huellas del entresueño,
sumiéndose en la pugna entre lo fantástico y lo que se nos da para parecernos real.
Al tomar como agitador un lado de rayo de sol,
el café se ofrece sempiterno en la llanura de un par de minutos para el olvido.
Al cerciorarse el futuro de quedar bien retratado en alguna infografía de la luna pasada,
el frío acompaña el estallido de los sueños;
 la ira del rocío despide los fantasmas que cubre.

Sobras del tintero deambulan hambrientas a la espera de un fugaz pensamiento que las habite;

somos lo que vamos desnudando para cubrir lo pasado;
el colapso de los tiempos ocurre en cada pestañeo;
los cuerpos despiden el polvo que edifica su imagen,
las siluetas despiertan
la renovadora pausa de lo añejo.

los bocados de  ufanada realidad se hacen acompañar de tragos de delirio,
el periódico digital no mancha pero sí hiere
dedos que teclean despiadadamente
lo que se alucina
cuando se mira a la calle...

León Plata, viernes 15 de julio de 2011

jueves, 8 de octubre de 2009

SIETE AÑOS, AMADA


La cerveza de la víspera
señaló el clamor de tu ausencia;
vacía en su  sombra vigilante,
sin  sueños acalorados en sus esquinas,
la calle treinta y cinco,
petrificó inmisericorde
el amado son de tu regalo:
un trago de alma,
tu copa y tus besos.

Estalló la corazonada:
La hierba, los nadies, los lapsus,
toda tú,
corazón,
te habías disipado
en la niebla nocturna
que a mis huesos suplantaba.

El miedo informó a la noche,
la noche desangró al sufrimiento,
el sufrimiento quebró las trovas,
las trovas negociaron el exilio
del tiempo envenenado...

Cuando volviste,
con tus sueños estrujados
viste la derrota en mis cigarros,
yo hice de mi cielo tu retrato,
y me inhumé en el terror del país
que habitamos.

Yo me fui con mis harapos
a morir con mis muertos levantados,
a  ser calle,
a ser mago,
a ver desgarrar el espíritu del  río Catatumbo
en las fauces del demonio,
del tirano.

Cuando a volver volviste,
se acercaban siete años del marasmo,
del  café y su veneno
el que bebimos
sin malicia,
sin reparo.

 La calle 37 fue testigo,
se  agrietó el cemento de mis manos,
y tú ,
desplegando un canto, un cuento
sin tiempo,
como el alma,
me hiciste saber
que los ángeles no se habían suicidado;
tan sólo estaban en sus talleres
en su afán de culminar nuestro encargo:
Ahora tienes alas nuevas
y yo soy león  que hambriento devora al pasado...


León Plata
Celebrando siete veces el  siete en mi cigarro.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...