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sábado, 15 de septiembre de 2012

¡BIEN, BENEDETTI!


Te llevábamos en los bolsillos de cualquier atardecer dudoso
Coreabas entre nosotros las consignas con las que solíamos edulcorar el café
Firmabas en las vigilias frente a las cárceles cientos de boletos de libertad
Bebías de nuestra cerveza y nosotros nos tomábamos tu vino
Andabas descalzo en nuestro sempiterno verano
Sembrando la cordillera de hilarantes utopías.

Encendiste la llama desde el cono sur
Con aquel porfiado Ernesto a quien tu pluma llorara;
Calcinando las secuelas del olvido
Acariciando la firme ternura
De nuestras tierras.

Ponías leche en lacrimógenos
Cada metáfora desmontaba cicatrices
Todo tu canto hería
Los sermones de la injusticia.

Navegaste en nuestras venas
Capoteaste agónicos lustros
Envenenado el saludo de las fasces
Ridiculizando martirios y martirizantes
Seduciendo los pisos térmicos
Con los vientos impúdicos de la libertad.

Solías mirar de soslayo
Una cadena rota en la retórica
Un desacuerdo formal en una fogata
Un lente amenazante en los edificios
Una certeza escalofriante en el temblor de las avenidas
Cuando salíamos a deplorar el odio
El silencio
La vileza.

Ahora no podés quemar las naves
porque antes tendremos que entrar en ellas.


León Plata

jueves, 11 de noviembre de 2010

Nostalgias de un café veraniego (de cinco a siete)


Se evidencia en el ocaso
Y en el frío de los sentidos
El colapso de los tiempos
En un mal nombrado café.
Se evidencia en sus páginas
Nobles y raídas,
En su sonido serpenteante
Entre la niebla,
El humo asceta
Que solía colarse
Entre los sombreros.

En su sabia minoría de edad
Subyace un hombre discreto
Que bailotea encima de los vivos.
Es su malsana compañía
O su desinteresada nuez de cola;
Su lucidez en el vendaval,
Los cerros que lo encierran.


Café y siempre abordaje
De infinitas partículas amarillas,
De viajes retraídos
De tangos itinerantes
De boleros en bruto
Siempre a las seis.
Café de dos cervezas
Guiando un despecho
Con vivaz anhelo
De resumir a Gardel
En medio metro de mesa,
Desierta.

Café de héroes sin carné
Sentados a la espera de cualquier lágrima
Destinada a no derramarse.
Café de burlones bostezos
De ansias prolongadas de mujer
De espíritus que se mecen
Y dan vuelta al disco de acetato.
Café de sonrisas no fingidas,
Tampoco sinceras;
Café de escenas dormidas
En tiempos animosos,
Tampoco en movimiento.
Café de evidencias siniestras,
Lujurias tamizadas,
Sabios sin vergüenza.
Sórdidas lunas de enero;
Atiborrado Café
que hace pequeña
a Bogotá.

León Plata

jueves, 8 de octubre de 2009

SIETE AÑOS, AMADA


La cerveza de la víspera
señaló el clamor de tu ausencia;
vacía en su  sombra vigilante,
sin  sueños acalorados en sus esquinas,
la calle treinta y cinco,
petrificó inmisericorde
el amado son de tu regalo:
un trago de alma,
tu copa y tus besos.

Estalló la corazonada:
La hierba, los nadies, los lapsus,
toda tú,
corazón,
te habías disipado
en la niebla nocturna
que a mis huesos suplantaba.

El miedo informó a la noche,
la noche desangró al sufrimiento,
el sufrimiento quebró las trovas,
las trovas negociaron el exilio
del tiempo envenenado...

Cuando volviste,
con tus sueños estrujados
viste la derrota en mis cigarros,
yo hice de mi cielo tu retrato,
y me inhumé en el terror del país
que habitamos.

Yo me fui con mis harapos
a morir con mis muertos levantados,
a  ser calle,
a ser mago,
a ver desgarrar el espíritu del  río Catatumbo
en las fauces del demonio,
del tirano.

Cuando a volver volviste,
se acercaban siete años del marasmo,
del  café y su veneno
el que bebimos
sin malicia,
sin reparo.

 La calle 37 fue testigo,
se  agrietó el cemento de mis manos,
y tú ,
desplegando un canto, un cuento
sin tiempo,
como el alma,
me hiciste saber
que los ángeles no se habían suicidado;
tan sólo estaban en sus talleres
en su afán de culminar nuestro encargo:
Ahora tienes alas nuevas
y yo soy león  que hambriento devora al pasado...


León Plata
Celebrando siete veces el  siete en mi cigarro.

martes, 6 de octubre de 2009

LAS GALERÍAS DEL SIN TIEMPO



Paseando por las galerías del sin tiempo
se puede adquirir por pocos sueños
un torpedo convertido en escualo.

Un cigarrillo faltando tres para las diez,
un miedecillo subrepticiamente acomodado;
un cultivo de manchas de jirafa,
un alambre de púas para enredar un vestido.
un craso error de tul,
una cigarra bebiendo cerveza,
una hiedra bailadora.

Dos amantes sin témpora.
 trepando hacia la luna en sinuoso pedestal,
tropezando con gorrioncillos ebrios ,
apostando carreras ventajosas
o maratones de pesares
con la frente erguida.

Caminantes de cuerpos persiguen,
cien excusas para no almidonar el deseo.

Paseando por las galerías del sin tiempo
se pueden trocar pedacitos de alma
por cerbatanas de polvo sideral.

Disipados los mitos
supuran

Jumentos tornasolados,
burgos de fique,
calesas de sangre andina

Se desintegran los
verdugos tomando psicofármacos.

sábado, 26 de septiembre de 2009

MUJER DE TERRACOTA


Aportando un poco de luz al pantano
vas amaneciendo
quemándote con un beso de cerveza.

La nube de luciérnagas se fragmenta,
se disipa el primer plano de la enramada;
languidece el manglar con disimulo,
al fin comprende el lodo
que sos lámpara.

Avanzando sin reparar en tu follaje
vas amaneciendo
capturando ondas melifluas de rocío.

Una hoja verde se delata,
el hurto de su brillo te sonroja;
tiernas licencias acompasan
el ritmo lacerante de tus piernas.

Despreciando los duendes de tu dicha
vas amaneciendo
sacudiéndote con tenues sonrisas de misántropa.

Deseándote,
invitás a la nada,
a perderte en las sales que te empapan.

Viéndote tallada en árboles de caucho
vas amaneciendo
aplaudiéndote en la penumbra,
cofre inasible con partículas oleaginosas.

Celoso tu volcán
se va intrincando en la desmemoria.
Para beberte habrá que ser un pez prehistórico,
residuos humeantes del descanso dominical,
una soga flamígera
o un tallo de caña de azúcar.

Te separan del día despierto
láminas traslúcidas que gotean;
tanto que el hombre de boina que te espía
tendrá que poseerte grabada en terracota.

Arena para lavar su pecho;
vas amaneciendo de nuevo...
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