No hay nadie afuera
esperando por un cuento.
No se aturde la avenida
con ninguna sombra ebria.
Anochece.
Subrepticiamente se acomoda la almohada
a su silencio
al compás de un mañana
garabateado.
Va parándose el despertador
en la hora vencida;
anuncian piedrecitas su encanto
fulminando el rocío.
Las imágenes de lo que no llegó a estallar
se abarrotan en el lavabo.
Mientes tiempo mientes;
dictas tu elegía para intrépidas somnolencias,
un concierto de zancudos se ensaya
en tus ministerios;
en sus cristales sintéticos.
Timbran...
¿habrá alguien esperando por un cuento?
León Plata
