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viernes, 30 de septiembre de 2011

PACES CÁUSTICAS



Sales del oprobio
Para el feroz porvenir;
Se deslizan las miradas
Apagadas tras los festines
Vertidos en la humareda;
Cae la mañana
Aturdida en su albor,
Lacerada en las montañas
Que la paren.
Los ecos se calcinan
En oriente,
Minados en los cauces de la paz.
Bombarderos invisibles
Saludan el bestial cielocéano
Que calla su sonrisa desnutrida.
Escorbuto.
Sales prístinas lamiendo
Sus despojos;
Avanza el fulgor macilento
De las causas reprobabas,
El estertor de los tiempos
Cercena Infame,
Sonoras glorias ,
Cuando cae la historia acribillada.

Glorias
De puños malheridos,
De puñados de escombros
Fantaseados por la manigua.
La maleza rompe los hilos del día,
Los fangos se tornan virulentos,
El clamor se sustrae de sus gritos,
Arando señas de utopía,
Malestares acordados,
A la espera de viejas uñas
Para arañar el asfalto.

Sales  erguida,
Digna  para nuevas  veladas,
Harapientas, mustias,
Enclaustradas en  los hongos
De  malbaratadas letras;
Tercas sonatas para enorgullecer los desechos
Vitoreados por las huestes hervidas
En antaño.
Van los niños
Por  su convite de juegos derretidos
rogando al futuro
Que no vuelva más.

León Plata

sábado, 16 de julio de 2011

ALBORES

 HÁLITO DE ALBOR- PABLO RODRIGUEZ GUY

Algunos irrupciones del alba actúan como poderosos narcóticos;
la bruma delata prístinas huellas del entresueño,
sumiéndose en la pugna entre lo fantástico y lo que se nos da para parecernos real.
Al tomar como agitador un lado de rayo de sol,
el café se ofrece sempiterno en la llanura de un par de minutos para el olvido.
Al cerciorarse el futuro de quedar bien retratado en alguna infografía de la luna pasada,
el frío acompaña el estallido de los sueños;
 la ira del rocío despide los fantasmas que cubre.

Sobras del tintero deambulan hambrientas a la espera de un fugaz pensamiento que las habite;

somos lo que vamos desnudando para cubrir lo pasado;
el colapso de los tiempos ocurre en cada pestañeo;
los cuerpos despiden el polvo que edifica su imagen,
las siluetas despiertan
la renovadora pausa de lo añejo.

los bocados de  ufanada realidad se hacen acompañar de tragos de delirio,
el periódico digital no mancha pero sí hiere
dedos que teclean despiadadamente
lo que se alucina
cuando se mira a la calle...

León Plata, viernes 15 de julio de 2011

miércoles, 22 de junio de 2011

PASE USTED

 No hay nadie afuera
esperando por un cuento.
No se aturde la avenida
con ninguna sombra ebria.

Anochece. 

Subrepticiamente se acomoda la almohada
a su silencio
al compás de un mañana
garabateado.

Va parándose el despertador
en la hora vencida;
anuncian piedrecitas su encanto
fulminando el rocío.

Las imágenes de lo que no llegó a estallar
se abarrotan en el lavabo.

Mientes tiempo mientes;
dictas tu elegía para intrépidas somnolencias,
un concierto de zancudos se ensaya
en tus ministerios;
en sus cristales sintéticos.

Timbran...
¿habrá alguien esperando por un cuento?

León Plata

martes, 7 de diciembre de 2010

SOLEDAD N


A veces arriba la soledad
Bajo contadísimos granos
De arena enardecida,
Aún resistiendo las hojas blancas
O amarillas,
Con el consabido qué más da,
Como si la osadía
Señalara su incierta lid
Atravesando el nudo de los tiempos,
Pariéndose a sí misma
Inquietando su prosaica existencia.

Amores y delirios,
Perjurios y desvaríos,
Candores y mitos…
Se oye hablar del infortunio
Que colma sus gritos
De lascivas latitudes.

Con fanfarrias y cuitas
Y en mordaces madrugadas,
Caminando despacio,
A la hora del encuentro,
Sagazmente se evade,
Y cuando no se  necesita
En forma de rayo
Ocurre que lacera.

Refinada o toscamente perdida,
En gigantescos retazos
O en señales de fuego
Suelen vislumbrarla,
Empero, siniestra e incólume
Templa lo etéreo
Sacudiendo de paso
Los censos discretos del averno.



León Plata

jueves, 11 de noviembre de 2010

Nostalgias de un café veraniego (de cinco a siete)


Se evidencia en el ocaso
Y en el frío de los sentidos
El colapso de los tiempos
En un mal nombrado café.
Se evidencia en sus páginas
Nobles y raídas,
En su sonido serpenteante
Entre la niebla,
El humo asceta
Que solía colarse
Entre los sombreros.

En su sabia minoría de edad
Subyace un hombre discreto
Que bailotea encima de los vivos.
Es su malsana compañía
O su desinteresada nuez de cola;
Su lucidez en el vendaval,
Los cerros que lo encierran.


Café y siempre abordaje
De infinitas partículas amarillas,
De viajes retraídos
De tangos itinerantes
De boleros en bruto
Siempre a las seis.
Café de dos cervezas
Guiando un despecho
Con vivaz anhelo
De resumir a Gardel
En medio metro de mesa,
Desierta.

Café de héroes sin carné
Sentados a la espera de cualquier lágrima
Destinada a no derramarse.
Café de burlones bostezos
De ansias prolongadas de mujer
De espíritus que se mecen
Y dan vuelta al disco de acetato.
Café de sonrisas no fingidas,
Tampoco sinceras;
Café de escenas dormidas
En tiempos animosos,
Tampoco en movimiento.
Café de evidencias siniestras,
Lujurias tamizadas,
Sabios sin vergüenza.
Sórdidas lunas de enero;
Atiborrado Café
que hace pequeña
a Bogotá.

León Plata

domingo, 20 de septiembre de 2009

ANGUSTIA DE CIUDAD


La ciudad se toma los montes
asaltando sus tiempos.
La ciudad calcula en sus cuadernos
el festín de los tecnócratas,
planificando la vida de las helioconias,
ofreciendo baratas de psicoanálisis
en la libertariana elegía de algún shopping center.

La ciudad te obsequia un nuevo reino,
aséptico,
limpio de accidentados latidos;
renovadas noches en botellas antropomorfas.

Ya corazón,
no podés sentir discretos miedos,
ni conatos de oprobio,
para eso la ciudad receta
píldoras fulminantes del sentimiento;
si querés sufirir
escondete entonces en los velorios.

La ciudad todo te lo ofrece
y sos vos corazón
ciego adalid de sus pasados.
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